El faro del monte, de esplendor verdoso, piel volcánica y huesos rojos.
Trecientos veintiún generaciones de pájaros pasaron su infancia al
alero de su brazo derecho, doce fueron los corderos devorados por los
pumas a sus pies. Los humanos que se refugiaron a su lado de lluvia y
sol jamás los contó, excepto claro los que le tendieron un abrazo: cinco
en total.
-El momento de la muerte, a nuestro pesar, es brutalmente sencillo -le dijo a un tiuque que se negaba a partir de sus ramas mientras las brillantes hachas lo mordían con furia, escupiendo astillas al destrozar la preciada madera.
'Qué curioso' -pensó al caer con estrépito sobre la gran loma donde
creció -'Muerto por un niño que quizá nunca sepa lo que es vivir más de
un siglo... así debe ser supongo, que a un viejo lo mate otro más viejo
aún sería una real tragedia.'
El faro del monte murió a finales de
algún febrero, luego de varias semanas de silenciosa agonía. Leña sus
brazos, el desmembrado cuerpo puertas y tablones de firmeza
imperecedera. El recuerdo en tanto, de su perfecta forma y su magnifica
altura reinando en las alturas del monte, vivió una generación humana y
luego, como la gran mayoría de todo lo que alguna vez a existido, se
olvidó por siempre.
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martes, 22 de diciembre de 2015
lunes, 22 de abril de 2013
La Colorada
Al alba salió del gallinero la doña con su plumaje colorado caminando orgullosa, pasó la mañana picotiando el suelo, hasta que al rato llegaron los hombres con la comida. A diferencia del resto, que corrió a su encuentro, ella por algún extraño sentimiento, se quedó pasmada un rato, observando el ciprés que día a día tan desinteresadamente les daba sombra, luego, acercándose un poco, le picoteó cariñosamente una raíz y dando media vuelta fue al encuentro de sus compañeras. El viejo ciprés la extrañaría, al almuerzo se comío cazuela.
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